Más del 21% de los hogares españoles son a día de hoy unipersonales, en ellos viven sólo una persona. Dejando atrás el modelo familiar que tradicionalmente hemos seguido, que estaba formado por familias de 5 o más miembros.

Ahora este nuevo escenario nos deja un espectro de estudio para que, desde nuestras marcas y organizaciones, podamos adaptarnos a las nuevas necesidades de estos consumidores. Está claro que este nuevo estilo de vida “single” demanda productos en formatos individuales y cantidades más reducidas, adaptadas a sus características de consumo. Pero esto no es lo que quiero que hablemos hoy, lo que quiero que pensemos.

Hoy quiero dejar una reflexión sobre cómo el comportamiento de este nuevo estilo de vida viene marcado por el escenario digital y por la hiperconectividad actual que nos une. Hace unos años cuando una persona vivía sola en un hogar, tenía la necesidad imperante de relacionarse con otras personas, una necesidad que nace de dentro y que tenemos que satisfacer. Entonces, los productos y servicios que las marcas debían lanzar eran definidos por el entorno que rodeaba a esta situación.

Ahora, la situación ha cambiado, las personas viven solas pero se mantienen conectadas con amigos y familiares de forma permanente, a diario, de forma continua. Y si tienen la necesidad de conectar con nuevas personas, pueden hacerlo sin tan siquiera moverse de casa.

Hoy la conectividad digital hace que las personas encuentren en la conexión una manera de sentirse acompañadas, de no sentirse solas. ¿Verdad?

Aquí las marcas tienen un reto de cuál aprender y la oportunidad de lanzar nuevos productos y servicios que marquen el camino de este novedoso escenario. Ahí reside el reto, pero siempre he pensado que esta conexión no es natural para las personas, y que tarde o temprano, volveremos a la esencia de las relaciones personales como siempre las hemos buscado y encontrado.

Pero desde marketing, primero debemos conocer, después pensar y luego actuar.

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