Existen productos que tienen una carga funcional mucho más protagonista que la parte emocional, donde la dualidad se declina por la decisión final racional. Aunque el marketing parece que nos quiera ofrecer lo contrario, en la realidad existen muchísimos productos englobados en esta categoría, pero con diferentes herramientas se pueden conseguir resultados opuestos, como el caso de Dulux, pinturas para habitaciones infantiles. 

El objetivo de la marca a la hora de desarrollar este nuevo producto basado en la línea de pinturas para decorar habitaciones infantiles era poder cambiar la percepción de un pasillo totalmente funcional, el pasillo de botes de pinturas de cualquier centro comercial de bricolaje. Conseguir un producto que activase la atención y sirviera como excusa para conseguir llevar a cabo una actividad entre padres e hijos diferente y enriquecedora.

El método puede parecer sencillo, pero no lo es. Investigar y lanzar una línea cromática que guste y aporte una serie de estados emocionales según el perfil del niño, así como un packaging atractivo y con matices emocionales que lleven al usuario, el padre, a la decisión final, a la compra. Dulux lo ha resuelto de manera creativa, arriesgada e innovadora:

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Una serie de propuestas atrevidas, jugando con colores llamativos y con sencillos trazos que consiguen plasmar la emoción a través de los conocidos emojis y siempre usando el asa del bote simbolizando la boca sonriente de la cara.

Además, a parte de este estímulo emocional la propuesta se complementa con una etiqueta en la parte superior, en la tapa, donde se puede personalizar el bote de pintura con el nombre del niño y el nombre del color. 

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Un conjunto de botes de pinturas para habitaciones infantiles que consiguen disparar la atención de padres e hijos y consiguen un ritual alrededor de ellos que puede llegar a la decisión final de compra por atributos funcionales promovidos por estímulos emocionales.

Fotos: thedieline

 

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