En el proceso de desarrollo de productos se deben fijar una serie de hitos que marquen la corrección de variaciones en el diseño y conceptualización para velar por el seguimiento de la línea estratégica marcada y por la perfecta interpretación del usuario final con nuestro producto. Para ello disponemos de diferentes test, como por ejemplo, la prueba de usabilidad.

Aunque creas que tu idea de producto es ganadora y que tienes todo bajo control, es de verdadera importancia contar con ciertos puntos de respiro y medición a lo largo del recorrido por personas externas al desarrollo del mismo. Cuando estamos inmersos en un proceso de creación de productos nos adentramos por completo en el mismo, cosa que nos puede llevar a cometer errores por no tener la perspectiva suficiente para modificar posibles desviaciones o incoherencias.

Para ello disponemos de las pruebas de usabilidad que nos permiten conocer por medio de expertos o usuarios finales la interacción correcta o errónea con el producto o prototipo del mismo. Es interesante poder disponer de varias pruebas de usabilidad en el camino, puesto que cuanto más adelante las realicemos en el proceso, más costoso será volver a subsanar posibles errores.

Mediante una prueba de usabilidad realizada por una muestra representativa del consumidor objetivo final, se pueden evaluar métricas como:

  • Exactitud: Mostrará el número de errores que el usuario cometa en la prueba.
  • Tiempo: El total que el usuario haya requerido en realizar la prueba.
  • Recuerdo: Qué recuerda el usuario de la experiencia con el producto después que haya pasado un tiempo.
  • Respuesta emocional: Cuál es el estado emocional del usuario al término de la prueba (feliz, disgustado, triste, satisfecho, cansado…)

Datos, sensaciones y evidencias que nos harán mejorar nuestro producto de cara a la presentación final en el mercado. Siempre nos aportará certeza y evitaremos jugar con esa terrible incertidumbre sobre si nuestro producto fallará o acertará.

 

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