Cómo actúa una “marca silenciosa” en el ámbito de la actuación social: caso IKEA Valencia

En un entorno cada vez más imprevisible —crisis climáticas, tensiones sociales, desastres naturales—, las marcas ya no pueden quedarse al margen. Pero, ¿cómo deben actuar? ¿Cuándo es el momento de intervenir? ¿Y cómo hacerlo con sensibilidad y coherencia sin que parezca oportunismo? Hace unas semanas, en el evento Hoy Es Marketing Valencia 2025, organizado por ESIC Business & Marketing School Valencia tuve la suerte de explorar este concepto de ‘marca silenciosa’: esa que actúa desde la responsabilidad y el compromiso, no desde el escaparate.

Y lo hice con un invitado de excepción: Gabriel Ladaria, director de marketing de IKEA España, una marca que ha demostrado cómo se puede tener impacto real en el entorno sin necesidad de grandes campañas. En este artículo quiero resumir esa conversación sobre el equilibrio entre acción y comunicación, propósito y reputación, marketing y humanidad. Creo que no debe permanecer para volver una y otra vez a leerla. Merece la pena.

Vivimos un momento en el que las marcas ya no pueden limitarse a vender productos: se espera de ellas que tengan un punto de vista, una responsabilidad y un compromiso con el entorno. Pero también vivimos en un contexto de saturación, donde cada gesto parece evaluado bajo el prisma del marketing. Desde IKEA creemos en una forma distinta de estar presentes: no desde el protagonismo, sino desde la utilidad. Apostamos por una acción coherente, centrada en las personas y guiada por nuestro propósito de crear un mejor día a día para la mayoría de las personas. Y muchas veces, eso significa actuar sin necesidad de contarlo.

Hoy queremos compartir cómo entendemos ese equilibrio entre acción y comunicación, entre propósito y reputación, entre lo que somos como marca y lo que necesitan las personas a nuestro alrededor.

¿Cuál crees que es el papel que deben asumir hoy las marcas frente a los retos sociales o medioambientales de su entorno inmediato?

Las marcas no son entes abstractos: están formadas por personas, afectan a comunidades y tienen una huella —ambiental, económica, social— que deja marca allá donde operan. En IKEA creemos que esto implica una responsabilidad activa. No basta con tener un propósito definido; hay que traducirlo en decisiones cotidianas, tanto en lo estratégico como en lo operativo.

En el contexto actual, donde los retos sociales y medioambientales se hacen cada vez más urgentes y visibles, las marcas tienen que preguntarse: ¿cómo contribuimos al bienestar común más allá de nuestra actividad comercial? En nuestro caso, eso significa trabajar para que nuestros productos sean más sostenibles y accesibles, pero también estar cerca de las comunidades en momentos difíciles, colaborar con entidades sociales y revisar continuamente nuestro impacto.

La clave está en no mirar hacia otro lado. Si formas parte del entorno, también formas parte de sus problemas… y de sus soluciones.

¿Cómo definís internamente cuándo y cómo actuar ante una situación externa que no está directamente relacionada con vuestro negocio?

Lo primero que nos preguntamos es si podemos ser útiles de manera significativa. No actuamos desde el impulso, sino desde la utilidad. Y para eso, valoramos varios factores: el alcance y urgencia de la situación, el nivel de impacto en las comunidades donde estamos presentes, y si realmente tenemos los recursos, el conocimiento o la red para aportar algo que marque una diferencia real.

Además, analizamos siempre el contexto con mucho respeto. No todas las crisis requieren la presencia de una marca. A veces ayudar es ceder espacio a las entidades que ya están trabajando sobre el terreno, o apoyar desde detrás del escenario, como hemos hecho en Valencia con la DANA. En IKEA creemos que la discreción, en estos casos, también es una forma de respeto.

¿Qué significa para vosotros “actuar con responsabilidad” más allá del propósito corporativo?

Actuar con responsabilidad es hacer lo correcto incluso cuando nadie está mirando. Significa tomar decisiones alineadas con nuestros valores, incluso si no son las más rentables a corto plazo.

En IKEA tenemos un propósito claro: “crear un mejor día a día para la mayoría de las personas”. Eso es una brújula, pero no basta. La responsabilidad se ejerce en lo cotidiano: en cómo diseñamos nuestros productos, en cómo seleccionamos nuestros proveedores, en cómo tratamos a nuestros empleados, en cómo escuchamos a nuestras comunidades locales.

¿Cuál es el valor de actuar de forma silenciosa, sin buscar protagonismo mediático?

En un entorno mediático donde muchas marcas compiten por atención constante, actuar en silencio es casi un acto de contracorriente. Pero creemos que es necesario. No porque comunicar esté mal —comunicar también puede inspirar—, sino porque hay momentos en los que lo más honesto es actuar sin esperar reconocimiento.

La verdadera reputación no se construye con lo que decimos de nosotros mismos, sino con lo que las personas viven de nuestra marca. Una acción coherente y bien ejecutada, aunque no se comunique de forma masiva, acaba generando confianza a largo plazo.

Por eso, cuando intervenimos en situaciones sensibles, priorizamos el impacto sobre la visibilidad. Y si luego se comunica, que sea con un enfoque respetuoso, desde la transparencia y no desde la autopromoción.

¿Cómo se equilibra la necesidad de contribuir con la tentación de capitalizar esa acción como parte del marketing?

El equilibrio está en el propósito. Si contribuyes desde lo que eres y no desde lo que quieres parecer, la línea se mantiene clara. En IKEA no concebimos nuestras acciones sociales como “contenidos”, sino como extensiones naturales de nuestra forma de estar en el mundo.

Por supuesto, entendemos que el marketing tiene un papel que jugar: puede amplificar, inspirar, conectar. Pero siempre desde la verdad. Comunicar una acción debe ser una consecuencia, no el objetivo. Si hay impacto, ese impacto hablará por sí solo. Y si no lo hay, ninguna campaña lo va a compensar.

¿Una marca silenciosa comunica menos o comunica de otra manera?

Comunica de forma más reflexiva, más honesta y más conectada con su propósito. No se trata de estar callados, sino de saber cuándo, cómo y por qué se habla.

La marca silenciosa no renuncia a la comunicación. Simplemente pone el foco en el contenido, no en el protagonismo.

¿Cómo se asegura una marca de que sus acciones sociales sean percibidas como auténticas y no como oportunismo?

La percepción de autenticidad no se construye en un solo acto: es el resultado de la coherencia acumulada en el tiempo. Si tus acciones están alineadas con lo que llevas años haciendo, y si no se contradicen con lo que haces en otros frentes, las personas lo perciben como algo natural.

En IKEA no improvisamos nuestra forma de actuar en lo social: tenemos alianzas duraderas con entidades del tercer sector, políticas claras de sostenibilidad y diversidad, y una visión a largo plazo. Eso crea un marco en el que cualquier acción puntual tiene contexto.

La clave está en que la acción no sea “para afuera”, sino “desde dentro”.

¿Crees que el consumidor penaliza más la inacción o una mala acción?

Una mala acción es más difícil de reparar. La inacción puede generar decepción o silencio, pero una acción mal planteada, mal ejecutada o incoherente puede provocar rechazo, desconfianza o incluso boicot.

Hoy el consumidor está más informado, más exigente y más crítico. No espera perfección, pero sí honestidad. Si una marca actúa de forma oportunista o incoherente, no solo pierde credibilidad en ese momento, sino que compromete su legitimidad futura.

¿Crees que veremos más marcas silenciosas o más activismo de marca explícito?

Creo que veremos ambas cosas. Habrá marcas que apuesten por el activismo visible, y otras por una presencia más sutil. Lo importante no es tanto el formato como la sinceridad del fondo.

Lo que sí veremos, sin duda, es un consumidor más sensible a la coherencia: que ya no se deja impresionar solo por grandes campañas, sino que mira qué hay detrás de cada acción.

¿Qué consejo le darías a una marca que quiere tener impacto real sin caer en el postureo?

Que se acerque a las personas, a los colectivos, a las realidades locales. No se puede tener impacto desde una torre de marfil, es importante escuchar.

Segundo, que trabaje desde dentro: que alinee sus procesos, sus productos, su cultura y sus políticas con los valores que quiere defender fuera.

Y por último, que actúe desde la humildad. A veces, transformar una pequeña comunidad es el primer paso para un gran cambio.

compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

También te puede interesar...

Sé el primero en saber
Recibe en tu bandeja de entrada de correo los últimos artículos publicados.

Por cada nuevo suscriptor plantaré un árbol en colaboración con Tree Nation


Loading

Cualquiera puede ser Alicia: lecciones de “Alicia en el País de las Maravillas” para entender mejor el marketing

Los que trabajamos en marketing solemos hablar de datos (mucho datos), segmentación, embudos de conversión, funnels y comportamiento del consumidor. Sin embargo, algunas de las chulos aprendizajes sobre cómo piensan, sienten y deciden las personas no proceden de las experiencias marketinianas, sino de la literatura. Una de las obras más interesantes desde esta perspectiva es Alicia en el País de las Maravillas. Hace unos días estuve en una exposición en Caixa Forum en Valencia y creedme que realmente me inspiró.

Aunque fue escrita hace más de 150 años, la historia de Alicia contiene numerosas situaciones que reflejan cómo nos enfrentamos a entornos desconocidos, cómo interpretamos la información y cómo tomamos decisiones cuando las reglas parecen cambiar constantemente. ¿Te suena de algo esto último? Y si hay algo que define la experiencia del consumidor actual, es precisamente esa sensación de estar envuelto en un mundo cada vez más complejo y complicado.

La idea de este artículo la puedo resumen en esto: cualquiera puede ser Alicia. De hecho, todos lo somos en algún momento cuando interactuamos con marcas, productos, servicios o experiencias que no conocemos del todo.

El consumidor entra de manera constante en nuevos “Países de las Maravillas”

Cuando Alicia cae por la madriguera del conejo, se encuentra en un entorno fascinante, pero también desconcertante. Nada funciona exactamente como esperaba. Las reglas parecen distintas y los personajes que se va encontrando actúan de forma imprevisibles.

Algo parecido ocurre cuando una persona descubre una nueva categoría de producto (veremos qué sucede con esto nuevo de María Pombo), utiliza una tecnología por primera vez o se enfrenta a una decisión de compra importante. Desde la perspectiva de la empresa, todo puede parecer perfectamente lógico. Desde el lado del consumidor, por el contrario, todo puede resultar confuso.

Uno de los errores más habituales en marketing consiste en asumir que los clientes entienden nuestro producto tan bien como nosotros. La realidad es que la mayoría de las personas llegan con información limitada, conocimientos incompletos y muchas, pero que muchas dudas.

Las mejores marcas son aquellas que recuerdan constantemente que el consumidor está viendo el mundo desde los ojos de Alicia.

Si no sabes adónde vas, cualquier camino sirve

Una de las frases más famosas del libro se produce durante la conversación entre Alicia y el Gato de Cheshire. Cuando ella pregunta qué camino debe tomar, él responde que eso depende de adónde quiera llegar.

Esta escena resume una de las grandes lecciones estratégicas del marketing: sin un objetivo claro, es imposible tomar buenas decisiones.

Muchas empresas lanzan campañas, crean contenido o abren perfiles en redes sociales sin haber definido con precisión qué pretenden conseguir. Buscan visibilidad, notoriedad o engagement sin una dirección concreta.

Pero el problema no afecta solo a las marcas. También los consumidores necesitan referencias claras para orientarse. Cuando una propuesta de valor es ambigua o una comunicación resulta confusa, el usuario experimenta la misma sensación que Alicia: demasiados caminos y muy pocas certezas.

La claridad sigue siendo una de las ventajas competitivas más infravaloradas.

La percepción importa tanto como la realidad

A lo largo de la historia, Alicia cambia repetidamente de tamaño. A veces se siente demasiado pequeña. Otras veces demasiado grande. El entorno no cambia, pero su percepción de sí misma sí.

En marketing sucede algo similar. Las personas no reaccionan únicamente ante la realidad objetiva de un producto, sino ante cómo la perciben.

Dos productos técnicamente idénticos pueden generar valoraciones completamente diferentes dependiendo del contexto, el diseño, la comunicación o las expectativas previas. La percepción de calidad, exclusividad, facilidad de uso o confianza suele construirse mucho antes de que el consumidor tenga la experiencia con el producto o servicio en cuestión.

REcuerda: el exceso de información también genera confusión

El país llamado “de las Maravillas” está lleno de conversaciones “aparentemente” ilógicas. Los personajes responden preguntas que nadie ha hecho, cambian de tema constantemente y utilizan palabras con significados totalmente locos, ambiguos.

Aunque pueda parecer una exageración literaria, la situación recuerda bastante al ecosistema informativo actual. Las personas, los consumidores por extensión, reciben miles de impactos publicitarios cada día. Comparan opiniones, leen reseñas, consultan redes sociales y analizan recomendaciones de múltiples fuentes.

¡Qué paradoja!, cuando tenemos más información es cuando más nos cuesta decidir.

Te dejo un artículo donde hablo de esto, pero ten en cuenta que numerosos estudios sobre comportamiento del consumidor muestran que el exceso de opciones puede provocar indecisión, frustración e incluso abandono de la compra. Cuando todo compite por nuestra atención, la simplicidad adquiere un valor extraordinario. Simplifica si está coherentemente justificado con tu estrategia.

Las emociones siguen guiando gran parte de nuestras decisiones

Si algo caracteriza la experiencia de Alicia es su componente emocional. La curiosidad la impulsa a explorar (cómo me gusta esa palabra). La sorpresa la acompaña constantemente. En ocasiones siente miedo, frustración o entusiasmo.

Las decisiones de compra funcionan de manera muy parecida. Aunque nos gusta pensar que actuamos racionalmente, una parte importante de nuestras elecciones está influida por emociones, intuiciones y atajos mentales.

La neurociencia y la economía conductual llevan décadas demostrando que las personas no evaluamos todas las alternativas de forma perfectamente lógica. Tomamos decisiones rápidas y posteriormente construimos explicaciones racionales para justificarlas.

Por eso las campañas memorables suelen conectar antes con las emociones que con las características técnicas.

La curiosidad es una fuerza extraordinaria

Alicia avanza porque quiere saber qué hay detrás de cada puerta, qué ocurre después de cada encuentro y qué significan las extrañas situaciones que presencia.

La curiosidad es uno de los motores más potentes del comportamiento humano.

Las marcas que saben despertar interés consiguen captar atención en un entorno saturado de estímulos. Parece sencillo, lógico, pero no se trata de recurrir al clickbait ni de ocultar información relevante, sino de construir narrativas que inviten a descubrir algo más.

Las personas recuerdan mejor aquello que les genera preguntas que aquello que les ofrece todas las respuestas de inmediato.

Entender al consumidor implica aceptar la complejidad humana

Quizá la mayor enseñanza que nos deja Alicia en el País de las Maravillas es que el comportamiento humano rara vez es completamente predecible.

Las personas somos contradictorias. Cambiamos de opinión. Nos dejamos influir por el contexto. Tomamos decisiones emocionales y luego las justificamos racionalmente. A veces buscamos simplicidad y otras veces perseguimos la novedad.

Desde fuera, muchas conductas parecen tan extrañas como las de los habitantes del País de las Maravillas.

Sin embargo, los profesionales del marketing que aceptan esa complejidad suelen desarrollar una comprensión más profunda de sus clientes. En lugar de asumir que el consumidor es una máquina racional, es listo o es tonto, debemos entender que una persona siempre interpreta el mundo desde su propia experiencia.

Todos hemos sido Alicia

La próxima vez que analices un customer journey, diseñes una campaña o revises una experiencia de usuario, quizá merezca la pena recordar a Alicia.

Porque detrás de cada clic, cada búsqueda y cada decisión de compra hay alguien intentando comprender un entorno que no siempre resulta evidente. Alguien que busca señales para orientarse, reducir la incertidumbre y encontrar el camino correcto. En otras palabras, alguien que, por un momento, se parece mucho a Alicia.

Alicia y el marketing
Alicia y el marketing

Foto de Davide Aracri en Unsplash / Foto de Nicole Baster en Unsplash

compartir

FlamAid, la granada de seguridad personal con alarma de 110 dB y GPS

Hay variables que en marketing han sido y son básicos como, por ejemplo, el precio, la calidad o la innovación. Sin embargo, en los últimos tiempos hay un valor que se ha vuelto muy relevante en la conducta del consumidor: la seguridad. No siempre se verbaliza, no siempre se menciona en las encuestas (aunque últimamente pare que sí), pero está ahí, influyendo en decisiones de compra grandes y pequeñas, conscientes e inconscientes.

Hoy compramos buscando tranquilidad, minimizando miedos. Y las marcas que entienden esto tienen una ventaja competitiva clara.

Desde el marketing sabemos que las personas no compran solo productos, compran soluciones a sus miedos, deseos y necesidades. La seguridad conecta directamente con uno de los impulsos más básicos del ser humano: protegerse a sí mismo y a los suyos. Y aquí es donde ejemplos como el que te traigo hoy, FlamAid, nos ayudan a entender cómo convertir ese insight en una propuesta de valor potente y creíble.

La seguridad como motor de la conducta del consumidor

Si observamos el contexto actual, no es difícil entender por qué la seguridad ha ganado tanto peso. Vivimos en un entorno percibido como incierto: cambios económicos, crisis sanitarias recientes, sensación de vulnerabilidad en el hogar, en el trabajo o incluso en lo digital.

Ante esta realidad, el consumidor desarrolla comportamientos muy claros:

  • Busca marcas fiables
  • Valora la prevención frente a la reacción
  • Prefiere soluciones simples que le hagan sentir preparado. Tranquilo.
  • Penaliza el riesgo, aunque sea improbable

Desde el punto de vista del marketing, esto significa que la seguridad ya no es solo un atributo funcional, sino un interruptor emocional. No se trata únicamente de “evitar un problema”, sino de ganar paz mental.

Un error común en muchas estrategias de marketing es confundir seguridad con miedo. Comunicar desde el miedo puede generar atención a corto plazo, pero raramente construye marca. De hecho, hay que ser consciente que el miedo se puede trabajar desde el punto de vista de la provocación o de la minimización del mismo. La decisión es tuya como marca.

Las personas no quieren que les recuerden constantemente lo que puede salir mal. Lo que buscan es sentir que tienen el control, que están preparados y que han tomado una buena decisión.

Aquí es donde marcas como FlamAid lo hacen bien. Su propuesta no gira alrededor del pánico a lo que pueda pasarte fuera de casa, sino alrededor de la prevención inteligente, accesible y fácil de usar. El mensaje implícito es claro: no pasa nada, estás cubierta.

Eso conecta directamente con la psicología del consumidor moderno.

FlamAid como ejemplo de propuesta de valor basada en seguridad

Entonces, ¿Flamaid vende solo un producto? Obviamente no, vende tranquilidad fuera de casa, cuando estamos solos. Y esto es clave entenderlo desde el marketing.

Cuando una persona adquiere una solución de seguridad personal, no está pensando en la ficha técnica. Está pensando en su familia, en sí misma, en su respiro, en “por si acaso”.

Desde el punto de vista de la conducta del consumidor, FlamAid activa varios resortes psicológicos muy potentes. A mi modo de ver:

  • Prevención sin complejidad
  • Sensación de protección constante
  • Responsabilidad personal
  • Cuidado del entorno más cercano

Además, el hecho de que sea una solución pensada para cualquier persona, con un sistema muy, pero que muy sencillo, elimina una de las grandes barreras de entrada: la fricción mental. Cuanto más sencilla es una solución de seguridad, más probable es que se adopte.

Cómo las marcas pueden activar la seguridad en su oferta de valor

La seguridad no es exclusiva de sectores como el hogar, la salud o la tecnología. Prácticamente cualquier marca puede trabajar este concepto si lo hace desde el ángulo correcto. De hecho, este es un caso.

Algunas claves importantes:

Primero, entender qué significa “seguridad” para tu cliente. No es lo mismo seguridad financiera, seguridad física, seguridad emocional o seguridad social. El concepto es el mismo, pero la forma de activarlo cambia.

Segundo, integrar la seguridad en el relato de marca, no solo en el producto. FlamAid no se limita a existir como objeto, sino que se posiciona como una decisión responsable, lógica y tranquila.

Tercero, comunicar desde la normalidad. La seguridad funciona mejor cuando se presenta como algo cotidiano, no como una situación extrema. “Tenerlo y no necesitarlo” es una idea mucho más poderosa que “lo necesitarás algún día”.

Cuarto, demostrar fiabilidad. En temas de seguridad, la confianza lo es todo. Diseño, lenguaje, tono, canales y experiencia deben transmitir coherencia y solidez.

La seguridad es uno de los valores más poderosos del marketing que estamos viviendo porque conecta con algo profundamente humano. No es una moda, es una respuesta lógica al entorno extraño en el que vivimos.

Marcas como FlamAid nos muestran que no hace falta ser alarmista ni complejo para trabajar este concepto. Basta con entender al consumidor, hablar su idioma y ofrecer soluciones que aporten calma.

En un mercado saturado de mensajes, la verdadera diferenciación está en hacer sentir a las personas que han tomado una buena decisión. Y pocas cosas generan más satisfacción que saber que, pase lo que pase, estás preparado. Eso es seguridad.

compartir

Cargando

buscador de noticias

Buscar
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible.

La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Tienes toda la información de privacidad en nuestra página de política de privacidad y política de cookies.