Cómo elaborar un plan de comunicación (incluye plantilla ACME gratis)

Como estamos viendo en las últimas entradas, la comunicación es una actividad que recae del plan estratégico y está completamente planificada. Además es medible y debe estar controlada para poder conseguir de forma eficiente los resultados deseados. Se deben asignar los recursos necesarios en el tiempo adecuado. Sin olvidar de la investigación previa que sitúe a la marca en la posición determinada dentro de su entorno competitivo.

¿Qué es un plan de comunicación?

El plan de comunicación es un documento donde reflejamos los objetivos que deseamos alcanzar en un determinado tiempo y a partir de una serie de acciones estratégicamente ideadas. Además, este plan estará ajustado a unos tiempos determinadas y dotado por los recursos que se estimen para su correcta ejecución. Los objetivos, plazos y recursos son los elementos clave para que el plan sea un verdadero plan de comunicación.

Cuando tenemos el ecosistema de marca y la estrategia de marketing, la hora del plan de comunicación llega. Se desarrolla para dar visibilidad a la marca y a su estrategia y así poder llegar con el mensaje adecuado a los diferentes públicos objetivo. Si la comunicación no se basa en una sólida estrategia, no funcionará, pero si la estrategia no se vincula a una fuerte identidad de marca, tampoco.

Hay tres fases clave a la hora de desarrollar un plan de comunicación. El diseño, la ejecución y la valoración. Aunque, en cada organización se pueden establecer alguna etapa más dada las circunstancias particulares de cada una. Como en todo plan, necesitamos una ideación, que esta se desarrolle de manera real y al final de todo, medir los resultados obtenidos y compararlos con las expectativas marcadas en el plan.

Los 3 tipos de objetivos a tener en cuenta en un plan de comunicación

Los objetivos deben ser lo primero que debemos pensar y establecer. Éstos deben ser claros y explícitos, de hecho, puedes seguir el modelo de los OKR o los objetivos SMART para detallarlos a la perfección. No debemos caer en el error de pedirle a la etapa de comunicación la venta directa, puesto que esto dependerá también de otros factores como el producto o servicio, precio, etc.

En la etapa de comunicación podemos esperar:

  • Que dé a conocer algo que no se conoce (objetivo de notoriedad)
  • Que proyecte una imagen determinada (objetivo de posicionamiento)
  • Que se promueva una conducta (objetivo de comportamiento)

Estos objetivos deben ser el inicio de las estrategias de comunicación y, por extensión, de las acciones a ejecutar en el plan. Por ejemplo, para dar a conocer algo que no se conoce (objetivo de notoriedad) se pueden usar distintas estrategias, por ejemplo: informar o formar con datos sobre aquello que queremos dar a conocer. Y se podrá medir el cumplimiento de este objetivo con encuestas/entrevistas al público al que se dirige, para saber si ya lo conoce o no.

Para el objetivo de posicionamiento, proyectar una imagen determinada, se pueden utilizar estrategias de imagen o de reposicionamiento. La evaluación se realizaría también con encuestas/entrevistas al target, comprobando si se han percibido los atributos proyectados de la imagen deseada.

Para el tercer objetivo, promover un determinado comportamiento, se pueden utilizar estrategias de marketing promocional, proporcionando incentivos para hacer o dejar de hacer algo. Luego se evaluará, con indicadores estadísticos relevantes, en qué medida se ha seguido ese comportamiento.

Ahora bien, esos objetivos, estrategias y acciones hay que plasmarlos de una manera eficaz y de fácil comprensión. Por ejemplo, bajo el modelo ACME podemos estructurar para cada público objetivo aquellas acciones a desarrollar estableciendo el canal, mensaje y forma de medir. Aquí te dejo una plantilla ACME para tu plan de comunicación de descarga gratuita.

Dentro de los públicos encontraremos los directos y los indirectos. Además, dentro del plan de comunicación tendremos que diferenciar las distintas formas de llevar el mensaje al usuario final. Por ejemplo, estableciendo las acciones entre:

  1. Acciones de relaciones públicas, para generar una predisposición favorable en nuestros públicos. A través de acciones con la prensa, patrocinios y mecenazgos, etc.
  2. Acciones de publicidad, para informar o persuadir a nuestros públicos a través de medios masivos
  3. Acciones de promoción, para promover determinados comportamientos en nuestros públicos, proporcionándoles incentivos

Además, se deben de tener en cuenta nuevos soportes que pueden desarrollar acciones novedosas, como lo son los DOOH (Digital Out Of Home). En definitiva, para cada estrategia y acción habrá que establecer un calendario temporal y una dotación de recursos necesario para su puesta en marcha.

¿Qué acciones pueden llevarse a cabo dentro de un plan de comunicación?

Una manera de establecer grupos de acciones de comunicación, externas e internas, se puede hacer en función de su coste: (alto: más de 3.000 €; bajo: menos de 600 €; medio: entre ellas) y del plazo de sus resultados (inmediato: una semana; largo plazo: más de 3 meses; medio plazo: entre ellos)

ACCIÓNCOSTEEFECTO
Comunicadosbajoinmediato
Entrevistasbajoinmediato
Declaracionesbajoinmediato
Artículosbajoinmediato
rueda de prensamedioinmediato
folletosmediomedio plazo
vídeosaltomedio plazo
web corporativabajo / medioinmediatos / medio plazo
blogbajo / medioinmediatos / medio plazo
redes socialesbajoinmediato
visitas prensamedioinmediato
viajes prensaaltomedio / largo plazo
congresosaltolargo plazo
eventos especialesmedio / altomedio / largo plazo
celebritiesaltoinmediato
feriasaltomedio / largo plazo
intercambiosbajoinmediatos / medio / largo plazo
casos prácticosmediolargo plazo
anunciosmedio / altoinmediato
patrociniosmedio / altomedio plazo
becasmedio / altomedio / largo plazo
premiosmedio / altomedio / largo plazo
ayudasmedio / altomedio / largo plazo

Fases de un plan de comunicación

Con estas tres fases y sus 20 puntos podrás tener un esquema que seguir para armar tu plan de comunicación, teniendo en cuenta todo lo descrito anteriormente.

1 · Fase de diseño

  • Fijar los objetivos principales: claros y explícitos.
  • Realizar una auditoría inicial de comunicación + análisis DAFO
  • Establecer criterios de valoración de resultados
  • Evaluar los recursos disponibles.
  • Fijar un plazo.
  • Determinar los públicos objetivo.
  • Establecer un argumentario y un contrargumentario (mensajes)
  • Seleccionar las acciones de comunicación
  • Presupuestar las acciones de comunicación.
  • Fijar los recursos suficientes o replantear plazo/objetivos
  • Calendarizar las acciones.       

2 · Fase de ejecución

  • Ejecución de las acciones

3 · Fase de valoración

  • Recoger resultados.
  • Valoración cuantitativa.
  • Valoración cualitativa.
  • Análisis de desviaciones presupuestarias.
  • Auditoría de la nueva situación
  • Conclusiones argumentadas.
  • Propuestas de futuro.
  • Documentar y archivar actuaciones.

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FlamAid, la granada de seguridad personal con alarma de 110 dB y GPS

Hay variables que en marketing han sido y son básicos como, por ejemplo, el precio, la calidad o la innovación. Sin embargo, en los últimos tiempos hay un valor que se ha vuelto muy relevante en la conducta del consumidor: la seguridad. No siempre se verbaliza, no siempre se menciona en las encuestas (aunque últimamente pare que sí), pero está ahí, influyendo en decisiones de compra grandes y pequeñas, conscientes e inconscientes.

Hoy compramos buscando tranquilidad, minimizando miedos. Y las marcas que entienden esto tienen una ventaja competitiva clara.

Desde el marketing sabemos que las personas no compran solo productos, compran soluciones a sus miedos, deseos y necesidades. La seguridad conecta directamente con uno de los impulsos más básicos del ser humano: protegerse a sí mismo y a los suyos. Y aquí es donde ejemplos como el que te traigo hoy, FlamAid, nos ayudan a entender cómo convertir ese insight en una propuesta de valor potente y creíble.

La seguridad como motor de la conducta del consumidor

Si observamos el contexto actual, no es difícil entender por qué la seguridad ha ganado tanto peso. Vivimos en un entorno percibido como incierto: cambios económicos, crisis sanitarias recientes, sensación de vulnerabilidad en el hogar, en el trabajo o incluso en lo digital.

Ante esta realidad, el consumidor desarrolla comportamientos muy claros:

  • Busca marcas fiables
  • Valora la prevención frente a la reacción
  • Prefiere soluciones simples que le hagan sentir preparado. Tranquilo.
  • Penaliza el riesgo, aunque sea improbable

Desde el punto de vista del marketing, esto significa que la seguridad ya no es solo un atributo funcional, sino un interruptor emocional. No se trata únicamente de “evitar un problema”, sino de ganar paz mental.

Un error común en muchas estrategias de marketing es confundir seguridad con miedo. Comunicar desde el miedo puede generar atención a corto plazo, pero raramente construye marca. De hecho, hay que ser consciente que el miedo se puede trabajar desde el punto de vista de la provocación o de la minimización del mismo. La decisión es tuya como marca.

Las personas no quieren que les recuerden constantemente lo que puede salir mal. Lo que buscan es sentir que tienen el control, que están preparados y que han tomado una buena decisión.

Aquí es donde marcas como FlamAid lo hacen bien. Su propuesta no gira alrededor del pánico a lo que pueda pasarte fuera de casa, sino alrededor de la prevención inteligente, accesible y fácil de usar. El mensaje implícito es claro: no pasa nada, estás cubierta.

Eso conecta directamente con la psicología del consumidor moderno.

FlamAid como ejemplo de propuesta de valor basada en seguridad

Entonces, ¿Flamaid vende solo un producto? Obviamente no, vende tranquilidad fuera de casa, cuando estamos solos. Y esto es clave entenderlo desde el marketing.

Cuando una persona adquiere una solución de seguridad personal, no está pensando en la ficha técnica. Está pensando en su familia, en sí misma, en su respiro, en “por si acaso”.

Desde el punto de vista de la conducta del consumidor, FlamAid activa varios resortes psicológicos muy potentes. A mi modo de ver:

  • Prevención sin complejidad
  • Sensación de protección constante
  • Responsabilidad personal
  • Cuidado del entorno más cercano

Además, el hecho de que sea una solución pensada para cualquier persona, con un sistema muy, pero que muy sencillo, elimina una de las grandes barreras de entrada: la fricción mental. Cuanto más sencilla es una solución de seguridad, más probable es que se adopte.

Cómo las marcas pueden activar la seguridad en su oferta de valor

La seguridad no es exclusiva de sectores como el hogar, la salud o la tecnología. Prácticamente cualquier marca puede trabajar este concepto si lo hace desde el ángulo correcto. De hecho, este es un caso.

Algunas claves importantes:

Primero, entender qué significa “seguridad” para tu cliente. No es lo mismo seguridad financiera, seguridad física, seguridad emocional o seguridad social. El concepto es el mismo, pero la forma de activarlo cambia.

Segundo, integrar la seguridad en el relato de marca, no solo en el producto. FlamAid no se limita a existir como objeto, sino que se posiciona como una decisión responsable, lógica y tranquila.

Tercero, comunicar desde la normalidad. La seguridad funciona mejor cuando se presenta como algo cotidiano, no como una situación extrema. “Tenerlo y no necesitarlo” es una idea mucho más poderosa que “lo necesitarás algún día”.

Cuarto, demostrar fiabilidad. En temas de seguridad, la confianza lo es todo. Diseño, lenguaje, tono, canales y experiencia deben transmitir coherencia y solidez.

La seguridad es uno de los valores más poderosos del marketing que estamos viviendo porque conecta con algo profundamente humano. No es una moda, es una respuesta lógica al entorno extraño en el que vivimos.

Marcas como FlamAid nos muestran que no hace falta ser alarmista ni complejo para trabajar este concepto. Basta con entender al consumidor, hablar su idioma y ofrecer soluciones que aporten calma.

En un mercado saturado de mensajes, la verdadera diferenciación está en hacer sentir a las personas que han tomado una buena decisión. Y pocas cosas generan más satisfacción que saber que, pase lo que pase, estás preparado. Eso es seguridad.

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FreeWater, la marca de agua sin marca que es una plataforma publicitaria

Hay algo que me gusta decir en mis clases: “las marcas competimos por llamar la atención”. Cada marca intenta gritar más fuerte que el de al lado y donde las marcas parecen estar presentes en absolutamente todo, aparece una propuesta que rompe el guión: FreeWater, un producto sin marca que vive, crece y se distribuye gracias a la publicidad que pagan otros.

Este modelo, simple en apariencia pero muy poderoso en su concepto, nos invita a repensar la forma en que consumimos y la manera en la que las marcas llegan a las personas. En este artículo de hoy vamos a explorar qué lo hace tan especial, por qué resulta atractivo para anunciantes y consumidores, y qué lecciones de marketing podemos extraer.

FreeWater (ver su web) parte de una idea tan directa como sorprendente: el agua no cuesta nada para el consumidor porque el envase está pagado por anuncios impresos. Así, cada botella o lata funciona como un pequeño soporte publicitario que llega a manos de miles de personas sin que el público final tenga que pagar por ella.

Es decir, sí, el envase se convierte en un medio, igual que un anuncio en redes sociales, una valla o un vídeo. La diferencia es que, en lugar de interrumpir la experiencia del usuario, la acompaña: beber agua es una acción cotidiana, constante y sin fricción.

Un producto sin marca presente, pero con mucho valor añadido

Lo curioso es que FreeWater no busca desarrollar una marca como podemos pensar de primeras. No invierte en construir una identidad visual compleja, ni en campañas de posicionamiento emocional. Su “marca” es precisamente ser un producto sin marca, al servicio de, valga la redundancia, las marcas que se anuncian en él.

Esta ausencia de identidad propia es, paradójicamente, su mayor identidad. FreeWater no compite con el resto de aguas del mercado; juega en otra categoría, se han inventado su propio océano azul. No intenta convencer al consumidor de que su agua sabe mejor o proviene de un manantial más puro: su argumento es que es gratis y que, además, cada unidad sirve de plataforma publicitaria.

Si lo pensamos, es una idea muy alineada con las tendencias actuales: el consumidor está cansado de la saturación publicitaria, pero no está cansado de recibir cosas útiles (y gratis). Y pocas cosas son tan útiles como una botella de agua cuando tienes sed, sí, y gratis.

Un beneficio doble: impacto social y modelo sostenible

Otro aspecto muy atractivo es que el modelo no solo favorece a las marcas y al consumidor, sino que también puede generar un impacto positivo. La marca dona una parte de los ingresos a causas sociales, lo que convierte cada botella en un pequeño gesto solidario.

Y no solo eso:

  • Los envases son más sostenibles (por ejemplo, aluminio reciclable).
  • Se reduce el incentivo a usar plástico de un solo uso comprado.
  • Se crea un ciclo donde la publicidad financia un bien esencial.

Pero, ¿qué haría interesante para una marca anunciarse en un producto de consumo gratuito? Podemos destacar 3 aspectos clave:

1. La atención está garantizada

El usuario no está haciendo scroll, no está saltando anuncios, no está pasando de largo. Está sosteniendo el envase en su mano. Esa proximidad y ese tiempo de exposición son difíciles de obtener en cualquier otro formato.

2. Un alcance físico y directo

La publicidad digital es esencial, pero cada vez es más volátil y está más competida. Muy saturada. Un anuncio en un envase gratuito llega directamente a la calle, a eventos, a universidades, a oficinas. Se mueve con la persona, viaja con ella, incluso puede aparecer en fotos o vídeos de manera natural.

3. Asociación positiva

Hay una percepción emocional interesante: cuando recibes algo gratis, la sensación hacia aquello que lo hizo posible suele ser positiva. Las marcas que se anuncian en FreeWater no interrumpen: regalan.

Una idea que abre puertas a nuevas categorías

Si una botella de agua puede financiarse por publicidad, ¿por qué no otros productos cotidianos? El modelo abre una conversación interesante:

  • Bebidas gratuitas financiadas por anuncios
  • Snacks gratuitos
  • Cuadernos o material escolar patrocinado
  • Artículos de higiene personal
  • Transporte o servicios básicos subsidiados por marcas

De hecho, varios mercados ya exploran estos conceptos. FreeWater solo es el inicio de una tendencia de productos que no dependen del consumidor, sino del valor publicitario que generan y también de la distribución.

Recuerda, FreeWater representa una idea muy poderosa: la posibilidad de que los productos esenciales no tengan que costar dinero al consumidor. La publicidad, bien utilizada, puede financiar gran parte del consumo diario sin generar saturación ni rechazo.

Para las marcas, es una oportunidad de conectar de una forma única. Para los consumidores, una manera de ahorrar y acceder a un producto básico. Y para el marketing, un recordatorio de que la innovación no siempre está en lo digital: a veces, la revolución viene en forma de una botella de agua.

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